martes, 26 de abril de 2011

HISTORIA


El Palacio de Dar al-Horra es una de las últimas construcciones nazaríes, pues data aproximadamente de 1460 . Pone de manifiesto la importancia institucional del Albayzín durante las guerras civiles del siglo XV y es de los pocos que ha llegado hasta nosotros de los muchos que había en este barrio.

Construido sobre restos del palacio ziri del rey Badis cerca de otras edificaciones de reyes como es el caso del Marqués del Cenet sirviendo de inspiración para las casas moriscas del Albayzín.
Es una antigua mansión de la familia real granadina, levantada en la segunda mitad del siglo XV construida sobre una huerta que pertenecía a la princesa Fátima, futura esposa de Muley Hacen y madre de Boabdil. Se trata de una casa inspirada en la Alhambra con una rica decoración de armaduras, aleros y yeserías sirviendo de inspiración para las casas moriscas del Albayzín.
Después de la conquista por los reyes Católicos, formó parte del convento de las Clarisas fundado por Isabel La Católica en 1501.
Su nombre( Dar -Al-Horra)refiere el tratamiento honorífico que recibían las princesas musulmanas, traducido como “ Casa de La Sultana,” de “La Señora “o de “La Honesta.”


En este palacio, se combina historia y tradición, ya que en su solar se situó el alcázar zirí construido en el siglo XI, por el rey Badis Ibn Habus (1038-1073) conocida entonces como la Casa del Gallo, por la figura del gallo del viento en una de sus torres, un jinete moro con lanza y adarga.Quizás corresponde a estos cimientos la tapia septentrional de Daralhorra, en el callejón de las Monjas.


Conservado hasta nuestros días aunque con cambios y reformas gracias a su integración en el conjunto conventual de Santa Isabel La Real., Caso frecuente en Granada de asociación de cultura islámica y religiosa.
Este palacio se mantuvo en el sector septentrional, del convento de Clarisas y con el fue declarado monumento histórico-artístico en 1922 y adquirido por el Estado en 1930. Posteriormente restaurado por Leopoldo Torres Balbás quien le devolvió el aspecto islámico que había perdido. Otras restauraciones le siguieron en 1942 y en los años 60 gracias a Francisco Prieto Moreno, la última de 1984 llevada a cabo por el arquitecto Eduardo Jiménez Artacho.

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