martes, 26 de abril de 2011

Datos de interés:

La casa formaba parte del conjunto de edificios y huertas pertenecientes a la casa del rey nazarí que los Reyes Católicos cedieron a Hernando de Zafra. Poco después de su donación, la reina Isabel ordenó que allí se instalara el convento de Santa Isabel la Real, dando a Zafra, a cambio, otros edificios de la Carrera del Darro.
Lado menor
           En general, todas estas casas tenían una fachada muy pobre, de muros lisos, con algún pequeño hueco abierto en ellos y cubierto por una celosía de madera, desde el que las mujeres podían ver sin ser vistas. Este exterior tan austero solía responder al Espíritu religioso de que lo externo nada significa y que sólo en el interior debe encontrarse lo digno de valor.
           Teniendo en cuenta que la mujer musulmana pasaba buena parte de su vida en la casa, la vivienda tenía que posibilitar las relaciones entre los miembros del clan, pues está concebida para que en ella habite la familia extensa, hijos solteros, casados con descendientes, abuelos... de forma que la vivienda iba creciendo conforme aumentaba la familia. Las estancias eran polifuncionales, cambiando su uso según las horas del día o las estaciones del año. El patio era el alma de la vivienda. En este espacio se relacionan todos, se celebran las fiestas religiosas y familiares, sin que ello esté reñido con la intimidad y la defensa de lo privado, así como la hospitalidad musulmana, disponiendo de salas de recepción bajo uno de los pórticos principales, situados muy cerca del zaguán, donde es recibido el huésped, antes de pasar al interior. Las mujeres debían evitar el encuentro con los hombres y se retirarían a sus habitaciones privadas.
           La mayoría de ellas tenían dos plantas, porque así aprovechaban mejor la luz solar y también para proteger más la intimidad del patio.
           Dar al- Horra llegó a nuestro siglo en un estado ruinoso, pudiéndose salvar cuando el Estado la adquirió y fue restaurada.

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